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Cuando algún integrante de la familia está indispuesto o enfermo, los padres, hermanos y otros seres queridos hacen todo lo posible por ayudarlo. Pero cuando se trata de un problema de salud mental, los estigmas pueden interferir para la atención temprana y la prevención padecimientos.

Pero al igual que se acude con un doctor por gastritis, por mencionar un ejemplo, la atención para la salud mental es primordial para las familias y la sociedad. La Organización Mundial de la Salud (OMS) dice que, actualmente, en el mundo hay 450 millones de personas que padecen un trastorno mental o de conducta. 

Y un millón de seres humanos se quitan la vida por causas relacionadas a trastornos de este tipo, entre ellos depresión, esquizofrenia y bipolaridad.

Una de cada cuatro familias tiene –por lo menos– un miembro que sufre un trastorno mental. Cuando un miembro de la familia padece depresión deja de hacer su vida normal y suele alejarse de las actividades y cosas que le gustan y lo hacen feliz, inclusive pueden dejar las obligaciones y la desmotivación provoca que se aislen y su autoestima baje considerablemente.

La pérdida de apetito, la falta de sueño y los pensamientos negativos también son señales de que se trata de un caso de depresión o de algún trastorno mental de esta índole.

Cuando alguno de los miembros de la familia presenta síntomas de algún trastorno mental como depresión, es imprescindible que todos comprendan este padecimiento para poder apoyarlo en el proceso de sanación.

La depresión es una de las alertas para la salud pública tanto para las familias en México como en el mundo, pues la Secretaría de Salud Pública advierte que para el año 2030, la depresión podría ser la primera causa de morbilidad a nivel internacional.

 

Ayuda y recreación

 

Para la prevención de problemas de la salud mental, especialistas de la Universidad de Medicina de Graz señalan que niños y adolescentes pueden dejar a un lado la vida sedentaria y los hábitos como estar durante tiempo prolongado frente a la televisión y otros dispositivos móviles y que en su lugar opten por actividades deportivas, recreativas y al aire libre, ya que éstas son la alternativa ideal para que los pequeños disminuyan su riesgo de desarrollar enfermedades como obesidad, depresión y ansiedad.

Jugar, correr y pasar tiempo en exteriores aumenta la confianza que tienen los niños y jóvenes en sí mismos y fortalece el vínculo y la comunicación que tienen con sus padres, lo que a su vez también previene de problemas de la salud mental.

Además, el apoyo de la familia es pieza clave en el tratamiento oportuno, la recuperación y la prevención de problemas del tipo mental.

 

Señales de alerta

 

Existen diversos factores de riesgo que pueden desencadenar un problema de la salud mental, de acuerdo a información de la Asociación Psiquiátrica Mexicana A.C. (APM), entre los que destacan:

 

  • Tener malas experiencias y conflictos familiares, escolares y laborales
  • Enfrentar cambios sociales y en su entorno
  • Pasar por situaciones de violencia extrema
  • Padecer algún problema físico
  • Baja autoestima, estrés y ansiedad
  • Historial familiar de algún trastorno mental
  • Afectividad negativa
  • Conflictos conyugales y familiares
  • Ser víctima de acoso o humillaciones
  • Vulnerabilidad y haber sufrido una pérdida

Herramientas preventivas

 

Al igual que los factores de riesgo, hay medidas de prevención y protección que reducen la probabilidad de casos de trastornos como depresión:

 

  • Generar un entorno de buen humor y emociones positivas en la familia
  • Llevar relaciones sanas en la familia, con las amistades en el área laboral
  • Buenos hábitos de sueño, alimenticios y realizar actividad física
  • Manejo óptimo de la inteligencia emocional
  • Procurar valorar y priorizar los logros de los miembros de la familia
  • Realizar labor social y altruista
  • Consume alimentos que favorecen la irrigación de la sangre al cerebro

Depresión infantil

 

La depresión también puede afectar a la infancia y algunos de los síntomas que pueden ser detectados por padres y maestros –previo a acudir con un especialista de ser requerido– están:

 

  • Se encuentra triste con frecuencia y llora con facilidad
  • No le interesan sus juegos favoritos y tampoco le anima ir a la escuela
  • Evita convivir con sus familiares y amigos
  • No se comunica y se aísla de quienes lo rodean
  • Poca energía, problemas para concentrarse, irritabilidad y baja autoestima
  • Come mucho o muy poco, se comporta agresivo y se aburre constantemente

 

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