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Más que nunca antes y a raíz de la pandemia, este año se ha puesto sobre la mesa el tema de la salud mental, en todos los ámbitos de la vida. La familia juega un rol clave en su importancia y cuidado, sobre todo cuando uno de los integrantes sufre un problema de este tipo.

Fue a principios de este año que el coronavirus se hizo presente en el Continente Americano. Poco a poco nos fuimos haciendo conscientes del riesgo que corría nuestra salud, incluso a nivel de perder la vida, por lo poco que conocíamos del Covid-19 y sus efectos a corto y largo plazo. 

Pronto aprendimos que el distanciamiento social, la cuarentena, el uso de mascarillas y el lavado frecuente de manos eran las herramientas más efectivas contra el contagio, hasta que pudiéramos contar con una vacuna. 

Así que hemos pasado prácticamente un año encerrados en nuestras casas, alejados de los seres queridos que no viven con nosotros, estudiando, trabajando y socializando a distancia. Cuando salimos lo hacemos con extremos cuidados y siguiendo protocolos de limpieza que permiten mantenernos a salvo.

Todos estábamos concentrados en atender nuestra salud física, cuando gradualmente se hicieron evidentes las afectaciones que hemos tenido todos –sí, todos– en lo referente a nuestra salud mental.

Existe un nivel saludable de estrés que requerimos para motivarnos a salir de la cama todas las mañanas, para cumplir con nuestras responsabilidades, para proponernos desafíos e intentar lo necesario para alcanzarlos. En este mismo proceso, un “nivel base” de ansiedad forma parte del “buen estrés”, que varía de persona a persona, dependiendo de su personalidad, historia, circunstancia específica que esté viviendo, etc.

Como el humano es un ser social, el distanciamiento físico y la cuarentena son acciones que van en contra de su naturaleza por lo que, aunque se entienda que son medidas necesarias por el momento, tienen un fuerte impacto emocional, mayor entre más largo sea el evento que nos encierra y nos aleja de nuestros seres queridos, elevando el mencionado “nivel base” de ansiedad que teníamos previamente, afectando de diferentes formas la salud mental de las personas.

Así que hay que estar atentos a las señales que tu cuerpo y mente te están dando sobre tus estados anímico y físico.

Por ejemplo, por lo que pude ver este año en mi consulta clínica y las consultas enviadas a mi podcast, hay mucha “híper-sensibilidad”: personas con poca paciencia, irritables o emocionales, en donde una situación que en otras circunstancias hubiera sido trivial, ahora se vuelve un evento de enojos o llantos y asume como una afrenta personal.

Chicos y grandes pueden estar distraídos, poco productivos en sus responsabilidades escolares o laborales, desmotivados. El desánimo puede llegar a una franca depresión y en no pocas parejas ha habido fuertes roces y hasta una disminución de la libido.

Los síntomas psicosomáticos no se han dejado esperar tampoco, con dolores de cabeza, contracturas musculares o malestares digestivos. Desórdenes de sueño o alimenticios también son frecuentes. 

Te cuento todo esto para que tengas la tranquilidad de saber que lo que tal vez está sucediendo en casa, con tu mujer, esposo o hijo, no es algo personal, sino en gran parte debido al estado de ánimo de todos los involucrados.

Sin embargo, esto tampoco te exime de “tenerte en observación” para vigilar que tu conducta no dañe la relación con tus más queridos, y tomar las acciones adecuadas para canalizar adecuadamente la ansiedad que esta pandemia ha provocado en todos nosotros.

‘Burbujas de bienestar’

Tu salud mental es tan importante como la física. Hacerte cargo de cuidarla reducirá los efectos psicosomáticos al máximo y levantará tu estado de ánimo lo más posible en esta difícil etapa, lo que te permitirá ir construyendo un ambiente agradable en donde puedas convivir con tranquilidad.

Así que procura construir las que yo llamo “burbujas de bienestar”. Cuando sientas que un momento difícil te ha dejado tenso y estresado, inmediatamente y por unos minutos (no necesita ser por mucho tiempo) realiza una tarea que te sea agradable. Estos espacios (mis llamadas “burbujas”) te permiten recargar energía perdida, haciéndote más paciente, tolerante y agradable por un mayor lapso de tiempo. Disminuirán los niveles de adrenalina, cortisol y demás hormonas del estrés, con sus dañinos efectos cuando permanecen en el organismo de una manera crónica.

Estas tareas pueden ser, desde practicar un pasatiempo, hasta jugar con los hijos, leer, ver una película en casa, etc. Y si, mientras la haces, le dices mentalmente a tu cerebro lo bien que la estás pasando en ese momento, el efecto beneficioso es mayor. En el cerebro se activa el circuito del bienestar, secretando hormonas asociadas con esto (dopamina, endorfinas, etc.)

Como también habrás escuchado o leído en otros lugares, el ejercicio, el bien dormir y comer son otras acciones que puedes realizar para cuidar tu salud mental.

Sin estabilidad emocional y un buen ánimo, es difícil que la salud física permanezca ilesa por mucho tiempo. De esta salud mental depende tu bienestar, tu vida profesional, tu relación de pareja y tu vida familiar. Es decir, influye todo lo que eres y haces. ¡Así de importante es y así de fundamental es cuidarla!

El paso a un mejor control del coronavirus no le restará valor. Una de las enormes ventajas de esta pandemia es que puso el tema de la salud mental sobre la mesa y en la mira, no sólo de los especialistas, sino de todos nosotros, quitándole mucho del estigma que hasta ahora impedía que se hablara de ella con apertura y naturalidad.

Aprovecha esta nueva etapa de consciencia personal para aprender tus procesos personales para manejar la ansiedad, el encierro, el desafío, la ira, etc. Cada uno de nosotros funcionamos de diferente manera y es indispensable para ti conocer cómo lo haces en diferentes momentos y ámbitos. Conociendo tus procesos y patrones de conducta tendrás más herramientas para idear una estrategia que te permita manejar los distintos acontecimientos de tu vida de una manera más positiva y constructiva hacia un mejor destino.

 
Por Mónica Bulnes
Psicóloga y conductora
www.preguntaleamonica.com

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