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Muchas familias –y padres– se han enfrentado al dilema de si tener o no una mascota en la familia, pero lo cierto es que con los cuidados adecuados, ésta se puede volver un integrante más en el hogar y se convierte en la mejor enseñanza de sensibilidad y beneficio para el desarrollo de los hijos, inclusive fomenta la unión familiar.

La gran mayoría de los pequeños le ha pedido a sus papás una mascota (un perro, un gato, un conejo, una iguana o un pez). No te asustes, tu casa no será un lugar de poca higiene, ya que cada miembro de la familia debe poner de su parte para el cuidado de la mascota que llegue a hacer la vida más entretenida y saludable.

De acuerdo a expertos de la Universidad de Alberta, los animales en casa combaten la sensación de soledad que pueden tener los niños, reduce su riesgo de desarrollar distintos tipos de alergia, como las que se disparan con los microbios Ruminococcus y Oscillospira. Además, según una investigación elaborada por el Centro de Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos, los niños presentan menores niveles de estrés y ansiedad cuando tienen a su amigo que ladra o maúlla, según sea el caso.

Los animales ayudan a mantener una buena salud física, emocional y psicológica para los padres y sus hijos.

Aunque las ventajas de tener una mascota se pueden notar desde que son bebés, la edad ideal para que un niño tenga un aliado peludo es a partir de los cuatro años.

Es importante encontrar el “amiguito” perfecto para la familia, por ejemplo el tamaño del perro según la casa, el temperamento según la raza, así como tomar en cuenta que cuidar a la mascota es también un gasto adicional para la economía del hogar.

Los niños también comprenderán que a las mascotas se les debe respetar, cuidar, educar y procurar.

 

Beneficios de tener una mascota

 

-Fomenta la actividad física

-Forja el sentimiento de empatía

-Aumenta la unión familiar

-Da sentido de responsabilidad y compromiso

-Disminuye ansiedad, estrés y depresión

-Incrementa el autoestima

 

¿Cuál elegir?

 

Si los niños aún son pequeños, expertos en pediatría y psicología infantil optan por un perro, que es paciente y tolerante (la mayoría de las razas). O bien, puede ser un gato, un hámster, un pájaro o un pez.

 

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