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«No les deseo (a las mujeres) que tengan poder sobre los hombres, sino sobre sí mismas”, decía la escritora Mary Wollstonecraft y se podría decir que no solamente poder, también seguridad, confianza y empatía con ellas mismas y con otras mujeres.

Mucho se habla sobre el papel de las mujeres en las empresas, sobre aquellas que combinan su vida personal con la profesional y que llevan un estilo de vida en el que balancean la maternidad con su desempeño laboral.

El rol de la mujer dentro de las empresas ha ido evolucionando, pero en la actualidad aún es muy común encontrarnos con un fenómeno llamado “Techo de Cristal”.

Este concepto es una metáfora en la que las mujeres ejecutivas pueden ver el cielo y casi alcanzarlo, pero no pueden tocarlo porque hay un techo de cristal que se los impide. De igual forma, las mujeres dentro de las empresas ven puestos ejecutivos altos que son alcanzables para ellas, pero hay obstáculos personales, corporativos y sociales que les impide llegar hasta donde quieren.

Y las estadísticas son prueba de ello, en México, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) señaló que en el cuarto trimestre del año 2015, la población total de las mujeres era del 52 por ciento contra el 48 por ciento de la población de hombres. Sin embargo, aunque la población del país en su mayoría son mujeres, en las empresas vemos una realidad opuesta. En el sector empresarial, solamente el 38 por ciento corresponde a mujeres. Del 100 por ciento de la población empresarial solamente el 4.2 por ciento de los puestos de Director General está ocupado por ellas.

En cuatro años la situación no ha cambiado del todo, debido a factores como el hecho de que la capacidad de las mujeres para participar en el mercado laboral se ve limitada por la gran cantidad de tiempo que dedican a trabajos no remunerados. En promedio, las mujeres dedican el doble de tiempo que los hombres a tareas domésticas y cuatro veces más al cuidado de los niños, lo cual permite que los hombres de la familia dispongan de mayor cantidad de tiempo para participar en la fuerza laboral.

También es cierto que existe una significativa disparidad salarial entre hombres y mujeres, aún dentro de las mismas actividades. Esta brecha salarial, si bien es reducida en el caso de las mujeres jóvenes, aumenta de manera abrupta durante los años de procreación y cuidado de los niños, lo cual indica que la maternidad está penalizada con una pérdida salarial estimada en el 14 por ciento.

No se trata de que una cosa esté peleada con la otra, sino de que las parejas identifiquen la dinámica que mejor se acomode a su familia y que tanto mujeres como hombres encuentren un balance para su plenitud personal y laboral, por el bien propio y el de sus hijos.

 

El techo de cristal actual 

 

Resulta común afirmar que son las mujeres quienes suelen asumir como propias la mayor parte de responsabilidades familiares y cargas domésticas, incluso aunque trabajen tiempo completo y compartan su vida con una pareja que tenga actitud positiva para la colaboración doméstica. Para ellas, compatibilizar su profesión con las responsabilidades familiares ha sido y continúa siendo muy difícil, esto es algo que les exige mucho esfuerzo, una gran organización personal y una fuerte carga de estrés adicional.

De hecho, mujeres que han llegado a ocupar un puesto directivo relevante afirman que, en algún momento de su vida, han tenido que afrontar el dilema de conceder prioridad al trabajo o a la familia. 

Como consecuencia mientras las mujeres disponen del tiempo extra laboral para el cuidado de sus hijos con el desgaste físico y emocional, los varones cuentan con mayor disponibilidad para el laborar y continuar con su formación.

 

Roles de género  

 

Muchas veces es la cultura la que define los rasgos y los roles aceptados para cada género. Por ejemplo: ¿quién debe de encargarse de los niños?, ¿quién es el encargado de realizar los trabajos peligrosos? Estas respuestas se contestan con base en el comportamiento social. La sociedad plantea y define los roles aceptados.

El conflicto ocurre cuando los roles de género y otros roles se plantean exigencias diferentes, es decir, cuando existen diferentes expectativas en temas especialmente relacionados con la familia y las actividades laborales. La sociedad espera que los hombres y mujeres se comporten lo más congruente posible a las actividades culturalmente definidas para cada género. Hay que recordar que el hombre y la mujer cuentan con características distintas, no por eso son competencia, sino que se complementan uno con otro.

A pesar de estos conflictos culturales, sociales y familiares, muchas mujeres han logrado conseguir un balance entre su vida profesional y su vida personal y con esto han podido estrellar su propio techo de cristal. Algunos elementos que comparten son: el aprendizaje continuo, el apoyo familiar recibido de sus padres, esposos e hijos y la voluntad propia. Esto no quiere decir que ha sido fácil para ellas, muchas veces han sido sometidas a juicios, presiones sociales y familiares, etc. Lo que se les reconoce a estas mujeres es que supieron lidiar con esta presión y no dejaron que fueran impedimento para su crecimiento profesional. Para alcanzar su meta, ellas tuvieron que haber realizado un camino de carrera y seguir sus propias estrategias de éxito. 

Algunas de estas fueron: trabajo en equipo, soñar en grande, ser feliz en lo que haces y la actualización constante. 

Una característica del techo de cristal es que muchas veces las mismas mujeres se lo imponen así mismas por diferentes razones, tales como darle más prioridad a sus intereses personales que a su crecimiento profesional, desconfianza de sus propias capacidades o sentirse obligadas a cumplir con ciertos roles de género establecidos que hacen que ellas sean estrictas consigo mismas y se autogeneren sentimientos de culpabilidad al no poder cumplir con ciertas responsabilidades fuera del ámbito profesional. 

Éstos y muchos más obstáculos son los que se pueden presentar en la trayectoria laboral de cualquier mujer. Por ello, es importante que ellas, las mujeres, madres y profesionistas, recuerden que el liderazgo va acompañado de una actitud. Una mujer segura puede romper el techo de cristal al no tener miedo a tomar decisiones y de saber lo que valen, como persona y en su preparación. El reto está en saber demostrarlo, en tener en su pareja a un complemento que la impulsa a mejorar y en apoyarse con el mayor sustento que se puede tener: la familia.

El cielo es el límite, no un techo de obstáculos, y la mejor vía para lograrlo es formando familias y sociedades fuertes, positivas, incluyentes, justas y empáticas.

 

Rompiendo el techo 

 

Algunas recomendaciones de mujeres que han estrellado su techo de cristal son:

 

– Hacer lo que te apasiona

– Sentir entusiasmo por el trabajo

– Compromiso (mente y corazón) 

– Habilidades interpersonales y de comunicación

– Aprendizaje constante y profundo 

– Desarrollar habilidades de otras áreas 

– Tener una meta visualizada y crear un plan de acción 

– Atreverte a soñar en grande

– Seguridad en ti misma

– Buscar la felicidad en donde estás y con lo que haces 

– Networking (hacerte notar con las personas indicadas)

– Visión a largo plazo 

– Voluntad y determinación

– Adaptación al cambio 

– Ser persistente y perseverante 

 

Impulsando el rol femenino

 

Cuando las empresas impulsan la participación femenina se genera un ganar-ganar debido a que las mujeres se sienten tomadas en cuenta y se comprometen con la empresa. Esto disminuye la rotación de personal, genera estabilidad laboral y crea un mejor ambiente de trabajo.

La intención de este artículo es demostrar que se puede hablar del empoderamiento de una mujer desde una perspectiva femenina, no feminista. 

En ocasiones, las mujeres tendemos a no valorarnos o a exigirnos demasiado, creemos que si no, cumplimos con la totalidad de ciertos requisitos, no estamos hechas para el puesto, pero descubrimos que tenemos la capacidad de llevar argumentos y perspectivas sin miedo, que deben ser tomadas en cuenta al igual que las de un hombre. 

Muchas veces nos dejamos intimidar por las grandes responsabilidades que implica un puesto ya que no confiamos en nuestras propias capacidades, sin embargo, hay muchas mujeres que han recorrido caminos de éxito y nos han demostrado que el único límite que existe, es el que nosotras mismas nos ponemos. Nosotras como mujeres nos tenemos que atrever a desafiar esos roles, a romper esos paradigmas y luchar por lo que deseamos y apoyarnos unas a otras.

Por último, lo más importante es que la mujer se sienta realizada en donde ellas decidan estar, ya sea dentro o fuera del ámbito laboral, porque esto será lo que la lleve a la felicidad.

 

Una vez detectada la presencia del techo de cristal, el departamento de Recursos Humanos puede contribuir con las siguientes acciones para el bienestar de todas las colaboradoras:

 

– Proporcionar flexibilidad de horario para que puedan cumplir con sus responsabilidades personales y familiares 

– Implementar una filosofía de trabajo por objetivos 

– Equilibrar el porcentaje de presencia femenina en puestos directivos 

– Promover políticas de no discriminación de género 

– Buscar la equidad salarial

– Crear programas que beneficien el crecimiento profesional de la mujer 

– Dar servicios de guardería dentro de la empresa, o bien negociar convenios con guarderías cercanas 

 

La búsqueda del balance

 

Para poder empezar a hablar del balance, hay que aclarar que para muchas mujeres tener un balance en su vida no siempre significa lo mismo. Sin embargo se puede resumir entre tener una vida laboral y vida personal igualmente exitosas.

En mi vida he conocido mujeres con todo tipo de aspiraciones. Hay quienes sueñan con una dirección, y no sólo sueñan, sino que muchas de ellas tienen una jornada laboral de más de 45 horas a la semana y estudios constantes (diplomados, certificaciones, maestrías) para algún día, conseguirlo. 

Otras, laboran en una empresa soñando que pudieran independizarse en un futuro cercano y convertirse en sus propias jefas emprendiendo un negocio.

Algunas mujeres tienen responsabilidades económicas a su cargo y aunque no disfruten su trabajo, la carga financiera las mantiene en un escritorio por años.

También he visto mujeres que disfrutan las tareas del hogar y se dedican completamente a su casa, a sus esposos e hijos, en caso de tenerlos. Las tareas limpieza, cocina, educación, cuidado de los hijos y la administración del hogar ocupa todas sus horas.

Cuando les he preguntado a estas mujeres  si consideran que tienen un balance en su vida, lamentablemente, muchas me contestan que lo están buscando, pero que las responsabilidades de la vida muchas veces las abruman de tal manera que descuidan a sus parejas, familia, amigos, hobbies, salud, espiritualidad y, lo más importante, se descuidan a ellas mismas.

Para mí, los éxitos laborales deben de ser igual de importantes como los éxitos personales. Es decir, si estás tratando de bajar de peso y al final de la semana bajaste 1.5 kg, eso es igual de importante que lograr cerrar una buena venta y necesitas un “bien hecho” por el esfuerzo realizado. De igual manera lo podemos comparar con leer un libro en buen tiempo, o tomarte el tiempo de hacer una cena especial para tu pareja. Todas estas cosas nos van llenando la vida de satisfacciones y de pequeños logos que nos hacen felices. Porque al final, nadie quiere recordar que toda su vida la pasó frente una computadora…

Personalmente creo que el balance no significa tener tiempo para hacer todas las actividades que quisiéramos realizar, porque siendo sincera, considero que para algunas de nosotras, necesitaríamos que el día durara más de 24 horas. Pero lo que SÍ podemos hacer es centrarnos y disfrutar cada una de las actividades que estemos haciendo.

El balance en la vida de las mujeres es algo que solamente ellas se pueden dar. Es un esfuerzo constante para no olvidarse de las actividades que nos llenan y de las personas que son importantes en nuestra vida. Se trata de priorizar actividades y tratar de disfrutar cada momento dejar la monotonía de los días y la rutina que puede hacer que poco a poco perdamos esa chispa que nos hace sonreír. 

 

Consejos para nivelar el ámbito personal-laboral

 

  • Salir de la oficina a la hora indicada
  • Hacer del mindfulness un estilo de vida
  • Desconectarse de todas las pantallas por un rato (celular, TV, computadora) esto incluye las redes sociales
  • Volver a hacer actividades old school como: leer un libro (de hojas de papel), salir a caminar, tomarte 10 minutos para ver el amanecer, prepararte un buen café y no de los instantáneos, una buena plática, hacer labor social, etc
  • Planear un fin de semana fuera de casa
  • Explotar tu propia creatividad escribiendo, pintando, dibujando, etc
  • Llevar un diario de agradecimiento

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