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La etapa conocida como los ‘terribles dos’ parece ser interminable, pero en lugar de temerle, ésta es un reto tanto para ti como para tu pequeño y su educación. Además es un periodo en que se forja el vínculo entre el niño y sus padres.

Pareciera que los llamados “Terrible Twos” se han convertido en una etapa que dura hasta casi siete años. Es temida, estereotipada, odiada y amada.

Los “terribles dos” es una etapa de la niñez en la que tu hijo aprenderá a cada segundo y eso la convierte en una época de la infancia muy divertida para pequeños y grandes.

Esta edad también se caracteriza porque los niños retan a los padres en todo momento y porque es cuando más anhelan tener independencia.

Los adultos necesitan practicar su tolerancia, paciencia y autoridad durante esta etapa. Y también deben aprender que los terribles dos no son los enemigos de los que te platican en las piñatas o los que se muestran en los programas de televisión.

En esta etapa es cuando más debes jugar con los pequeños, en la que más debes controlar tus emociones y en la que, por supuesto, deberás poner límites para que el niño no utilice el arte de la manipulación.

Como dice el Dr. Jeremy Friedman en su libro “The Toddler Care Book”, “los estallidos de temperamento afectan tanto a padres como a los hijos. Afortunadamente hay tácticas que se pueden utilizar para lidiar con ello”.

Durante una situación como la mencionada, Friedman aconseja que se mantenga la calma y se evite que escalen las emociones, pues solo se agravará el berrinche.

Procura no hacer contacto visual con tu hijo hasta que se le pase la rabieta y después, de manera calmada, habla con él.

Pacientes con la paciencia

La paciencia cuesta. Sí, a todos nos cuesta ser pacientes, sobre todo cuando la fórmula diaria contiene estrés, preocupaciones y niños pequeños.

Con mayor razón si se trata de los niños menores a cuatro años, quienes están en la plena etapa de los “Terribles dos”.

Pero así como cuesta, una vez que se practica, esos problemas y preocupaciones se sienten menos y se superan, haciéndonos madurar y crecer como seres humanos.

Y con ese aprendizaje se crían los niños, quienes son pequeños testigos de cada paso que dan sus padres.

Por ello, para que ellos también puedan desarrollar la paciencia, es fundamental que la practiques tú primero.

Irónicamente, para aprender a ser paciente, se requiere paciencia. Si hay mucho tráfico, sé paciente y el niño aprenderá que hay ocasiones en las que las personas deben aguantarse y poner la mejor cara al mundo.

El ejercicio es paulatino y día con día podrás ver que a todas horas hay oportunidad de enseñarle a ser paciente, mientras tú también lo practicas.

Por ejemplo, si te hace una pregunta mientras estás hablando con otra persona o por teléfono, haz una breve pausa para que entienda que debe esperar y después, respóndele de la mejor manera.

Y, sin duda, una de las mejores oportunidades de fomentar –y ejercitar– la paciencia es a la hora de jugar con los niños. Leer el manual de un nuevo juguete, esperar a nuestro turno o bien, aprender las reglas de los juegos son excusas para aprender a ser pacientes.

Por María Alessandra Pámanes

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