fbpx

Con la cuarentena por la crisis sanitaria que vivimos disminuyó la contaminación, pero al retomar actividades pareciera que a nadie le importa el medio ambiente. Esta es una oportunidad de enseñarle a las nuevas generaciones a respetar y cuidar el mundo que nos rodea

La pandemia hizo que el mundo entero cambiara por completo. De hecho, entre confinamientos y medidas de seguridad y salud, esta situación demostró que la mano del hombre es la que más afecta al medio ambiente.

Con las personas encerradas en casa, los trabajos y escuelas en modalidad híbrida (o inclusive remoto completamente), no había aviones en los cielos, ni coches en las calles, ni paseos en los parques… y, con ello, se redujeron los índices de contaminación atmosférica, la basura en las aceras y áreas verdes. 

Por ejemplo, en China, se redujo el 25 por ciento de las emisiones de CO2, según estudios y datos publicados por la Agencia Espacial Europea (ESA, por sus siglas en inglés).

En el caso de España, ciudades como Madrid y Barcelona (las más pobladas del país), presentaron un descenso de los niveles de contaminación, según Greenpeace, al grado de que los valores medios de dióxido de nitrógeno, producido principalmente por vehículos diésel, apenas y alcanzaron en la primera semana (datos del confinamiento en 2020) el 40 del límite establecido por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Unión Europea (UE).

Y en México, hasta nacieron crías que ayudaron a la conservación de su especie, evitando la extinción, como lo son dos pumas nacidos en el African Bio-Zoo, un zoológico en Córdoba, Veracruz.

La pandemia ha dejado diversos aprendizajes y lecciones, así como retos y pruebas. El problema de todo es que, a pesar de las consecuencias a nivel sanitario, emocional, económico y social, la contaminación vuelve a dispararse –junto con los estragos hacia el medio ambiente– ya que se retomaron distintas actividades y que poco a poco estamos volviendo a la normalidad.

De hecho, hay nuevas “consecuencias”, como la contaminación por el uso de mascarillas, guantes y otros plásticos. Tan solo mira por donde caminas al aire libre, es muy probable que, por lo menos, veas dos o tres cubre bocas tirados en las calles y banquetas.

«Tirar basura de mascarillas y guantes de un solo uso es un efecto secundario a la vista», según el informe “AEMA Impactos del COVID-19 en el plástico de un solo uso en el medio ambiente de Europa (y el mundo)”.

Para el verano de 2020, el 5 por ciento de las personas en Francia (más de 2 millones) “admitieron haber tirado sus mascarillas en la vía pública”, añade el informe mencionado.

Lamentablemente, el destino final de la basura suelen ser los océanos. Greenpeace dio a conocer que 8 millones de toneladas de basura llegan anualmente a los mares. 

Y es que las mascarillas llegaron para quedarse y para la seguridad de todos. Usarlas nos protegen a nosotros mismos y al otro, pero así como hemos tenido múltiples aprendizajes y ejercicios de solidaridad y empatía a raíz de la pandemia, podemos también empezar a reflexionar sobre el daño ambiental que ésta supone y de cómo podemos evitarlo por el bien propio y del prójimo.

Esto también es otra forma de hacer y crear conciencia y de que los pequeños también comiencen a tener un estilo de vida que permita respetar, cuidar y conservar a nuestro planeta.

Abrir chat
1
Hola,
¿en qué podemos ayudarte?