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En el mundo que  nos rodea, la empatía es un ingrediente esencial para la convivencia y la paz social. Y la expresión de la misma es representada con el compañerismo, el cual no es lo mismo que la amistad.

Y la fórmula para ser empáticos consta de la enseñanza a los hijos con el ejemplo, de mostrarles la importancia de llevarse bien con todo tipo de personas, a no juzgar y a comprender y respetar al otro.

La conexión con una persona que te entiende y con quien te entiendes es de las cosas más grandes que trae consigo la amistad. La capacidad de hacer amigos es básica para la vida social de cualquier persona e incluso para su desarrollo personal como ser humano. A lo largo de los años se ha alabado con poemas, canciones y cuentos a la amistad, y quien tiene un verdadero amigo, lo agradece, porque lo ve como otro yo.

Sin embargo, vivimos en una época de pluralismos donde cada vez hay mayor diversidad de ideologías y procedencias. Y aunque algunos niños todavía no se han visto en la necesidad de convivir con personas de ideas contrarias a su estilo de vida, tarde o temprano llegará ese día y tendrán que estar preparados. Aún así, su salón de clases o su equipo deportivo es una gran oportunidad para los niños de tratar a personas distintas a ellos. Es muy bueno enseñar a los hijos a tratar bien a todos, no sólo a los que les caen bien, y eso se aprende sobre todo con el ejemplo.

Si los padres tratan de la misma cordial manera a la cajera del supermercado, al guardia del estacionamiento, a la directora de la escuela, a la mamá de su compañera, y al entrenador del equipo, entonces irán aprendiendo que todas las personas son igual de importantes y que su valor no depende de su color de piel, su ropa o su trabajo. 

Así, los hijos seguirán ese ejemplo y tratarán bien a cada uno de sus compañeros a lo largo de su vida. Mientras que los amigos se eligen, a los compañeros no y, por eso, tratar con respeto, solidaridad y empatía al prójimo hace que el compañerismo sea más valioso. Pues se puede decir que quien es buen compañero es amable con todos, pero quien es buen amigo, es cordial solo con sus amigos.

Uno de los grandes enemigos del compañerismo son los estereotipos, porque los niños están expuestos a ellos casi en todos lados: publicidad, series, caricaturas, películas, libros, canciones y videojuegos. Pero sobre todo porque justifican prejuicios, racismo y percepciones negativas de distintos grupos.

Una buena manera de que los hijos no se dejen engañar por los estereotipos y clichés es ayudarles a identificarlos y luego platicar con ellos al respecto. Ayuda el usar ejemplos de la vida real, con personas que tu hijo conoce, para demostrar que las representaciones en los medios no siempre son reales. Hay que tener cuidado con los chistes que malamente nos hemos acostumbrado a hacer sobre cierto grupo de personas: si tus hijos no dirían esa broma enfrente del grupo en cuestión, entonces la broma no es divertida.

Por otro lado, el mejor aliado del compañerismo es la empatía, virtud que los niños desarrollan naturalmente hacia sus hermanos, familiares y amigos. Pero la empatía es fundamental para mantener un mundo más alegre e interconectado, pues se trata de la capacidad para entender al otro, aunque no lo conozca.

Una de las mejores maneras de poner en práctica la empatía es hablar menos de mi y por tanto, escuchar más al otro. Ante una riña con un compañero, hay que enseñar a los hijos a recapacitar sobre sus sentimientos, pero también sobre las reacciones y emociones del otro. Hacer ver a los hijos que su punto de vista no es el único, y que hay que prestar atención a los demás cuando hablan. Y hay que fomentar que los hijos hagan preguntas a los demás, pero preguntas abiertas, no cuyas respuestas puedan ser solo sí o no. Por ejemplo, que se animen a decir “cuéntame más”, “después, ¿qué sucedió?” o incluso “¿qué sentiste y pensaste en ese momento?”.

El compañerismo es un valor fundamental en un mundo tan conectado como el nuestro y el acostumbrarse a no sólo soportar, sino a ser amables con las diferencias, nos ahorrará muchos problemas. Para los hijos, esta virtud será una que practicarán toda su vida, si se aprende bien desde pequeños, pues aunque la bondad es un valor innato, se puede perder si no se pone en práctica.

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