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La sociedad está compuesta por la familia y para que la misma sea próspera y funcione de manera adecuada ésta tiene que poner su granito de arena.

La cultura social y de empatía se construye desde el hogar y con los seres queridos y después se replica a gran escala, con quienes tenemos a nuestro alrededor.

Para que los pequeños ciudadanos –que son el futuro de los países– tengan iniciativa, sus papás tienen que poner el ejemplo y comenzar por implementar reglas y asignar tareas en casa, que después pondrán en práctica cuando interactúen con la sociedad.

Ser responsables con nuestras acciones y cumplir los deberes que sean impuestos marca la diferencia.

Cuidar sus cosas y hacerse responsables de la propia habitación desde que son niños y después adolescentes, por ejemplo, hará que los hijos comprendan que sus acciones afectan al otro y que por ello deben realizarse en favor del bien propio y ajeno.

Además de transmitirles buenos valores como el respeto al otro, de implementar roles y responsabilidades en casa, los padres fungen como los maestros y motivadores de sus hijos, quienes son el futuro de las sociedades.

Como dice la organización colombiana Aldeas Infantiles SOS, “la familia le ayuda a los niños y niñas a aprender quienes son, desarrollar su personalidad y les brinda apoyo emocional. El ambiente en que crecen los niños define elementos fundamentales para el resto de su vida”.

“Una familia es mucho más que resolver las necesidades básicas de los niños como la alimentación y el vestido, pues tiene una gran incidencia en el desarrollo social y emocional de todos los seres humanos. Allí adquirimos las habilidades necesarias para afrontar la vida de adultos y desarrollar todo nuestro potencial. Nuestras familias nos conducen en formas de ver el mundo, pensar, comportarnos y valorar la vida y la de los otros”, agrega la organización.

 

Comienza en casa

 

Para que los niños y jóvenes sean ciudadanos socialmente responsables, se debe tomar en cuenta lo siguiente:

 

 

  • Valor cívico

 

El amor por su país y por lo que éste representa en la vida de cada uno es fundamental para que se cuide la casa, las calles y ciudades. Así como se mantiene el orden y la limpieza en nuestra habitación, se deben procurar las calles que recorremos y los lugares que frecuentamos.

 

 

  • Solidaridad y empatía

 

Ponerse en los zapatos del otro, respetar al prójimo, ser comprometido con las necesidades de los demás y ver al resto de ciudadanos como se ve a los propios hermanos, hace que seamos seres humanos más sensibles y considerados.

 

 

  • Respeto y responsabilidad

 

Nuestros actos tienen consecuencias y para la convivencia armónica entre ciudadanos, es imprescindible que cada quien se haga responsable de los mismos. Los padres enseñan a los hijos que no se puede imponer la propia opinión en los demás, sino que es mejor respetarlos.

 

 

  • Bondad y paz

 

La paz y la no violencia comienzan con el diálogo y el entendimiento, aunque se tengan convicciones distintas, siempre se puede procurar el bien común y la práctica de los buenos valores.

 

 

  • Sustentabilidad 

 

Proteger al medio ambiente y transmitirlo a los hijos es ver por el futuro de la humanidad y de las familias que poblarán nuestro planeta en futuras generaciones. Y es ser consciente de las especies que habitan en él.

 

Socialmente unidos

 

La democracia, el ejercicio de la libertad, el respeto, la educación y la colaboración se aprenden en casa, compartiendo la habitación o la televisión, tomando en cuenta las necesidades de los hermanos y/o los padres, siendo pacientes con las pruebas que la vida pone día con día y solidarizándose en las dificultades. A su vez, compartiendo los buenos momentos, con alegría y empatía, pues las sociedades están compuestas por familias que se van multiplicando y que interactúan entre sí.

 

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