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Al terminar un año, empezar otro y más después de todo lo aprendido este 2020, debemos tomar en cuenta que fijarnos objetivos y metas debe ir acompañado de estrategias y evaluaciones para no dejarlos en una lista o deseos no realizados.

¿Te has preguntado por qué hacemos grandes propósitos y no los cumplimos?  Y todavía más importante: ¿Cuándo los hacemos?

Lo hacemos cuando una parte de nosotros reconoce lo que debería estar haciendo y no hace. Dicho de otro modo, un propósito suele ser una obligación que nos imponemos, generalmente cuando empieza un año calendario o un año escolar. Es como si pusiéramos el cronómetro de nuestro reloj en ceros y estamos seguros que el tiempo nos ayudará a lograrlo. 

Pero resulta que no nos gusta hacer nada por obligación y menos aún si es por y para nosotros mismos. Aquí entra lo que significa realmente saber auto motivarse. 

Cuántas veces hemos dicho: este año seré puntual…voy a dedicar más tiempo a la familia… haré más deporte… aprenderé computación, inglés… tomaré las cosas con más tranquilidad… y otros muchos propósitos.

Todas son frases que hablan de un escenario futuro, que estamos convencidos debemos cambiar. La realidad, es que esto no funciona así:  las buenas intenciones NO son suficientes. Lo que realmente cuenta es la capacidad de motivarse a uno mismo, de encontrar las fuerzas movilizadoras en nuestro interior, sin tener que esperar a que estímulos externos nos pongan las pilas.  

Estamos acostumbrados a una sociedad basada en estímulos según los resultados, y poco entrenados en la tolerancia a la frustración, a la espera paciente y al esfuerzo disciplinado.

Es por ello que las intenciones deben de ir acompañadas de una estrategia. Te propusiste algo, ahora define cómo lo vas a hacer, en qué tiempo y bajo qué condiciones.

Por ejemplo, ¿quieres empezar a hacer ejercicio? Define qué tipo de ejercicio vas a realizar, en dónde, cuánto tiempo, qué ropa necesitas, lo harás solo o acompañado, etc.  Las condiciones deben ser realistas y graduales. De nada sirve proponerte algo que está fuera de tu realidad, o empezar a hacer ejercicio una hora al día, ya que lo dejarás de inmediato.

Auto motivarse, como todo, es un aprendizaje. Y aprendemos entrenándonos. Y nada mejor para lograrlo que unas cuantas pequeñas frustraciones, para darnos cuenta de que podemos sobrevivir y seguir adelante.

La automotivación se ejercita cuando somos capaces de orientarnos hacia el logro, obteniendo así,  la satisfacción del esfuerzo realizado; por la ilusión y el optimismo que hemos generado en el camino de conquistar nuestros propios retos.

No basta tener propósitos, tenemos que orientarlos a metas, sueños y deseos. Sueña alto, proponte metas altas. Pero no te quedes ahí, una vez definido el objetivos, establecer estrategias: acciones muy concretas con horarios y fechas.  Y por supuesto: evalúa cómo vas.  Y verás, que cada vez serán menos los propósitos fallidos y más los logros obtenidos.

Por Lucía Legorreta

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